La persona que disfruta mal-criticando se quiere poco ¡y lo sabe!

La persona que disfruta mal-criticando se quiere poco ¡y lo sabe!
La crítica conlleva hacer un análisis realista de una circunstancia, de una situación o de un trabajo por ejemplo.

Y es importante y necesaria cuando su finalidad está asociada a examinar, a describir el cómo, el cuándo, el dónde o el porqué de lo que está ocurriendo. Y es innecesaria, cuando no va a aportar nada. Por tanto, mejor, no interrumpir los silencios.

Vamos a hablar de dos tipos de críticas. La constructiva y la destructiva.

Cuando exponemos características que son acordes a un planteamiento y otras que implican una mejora, hablamos de crítica constructiva. Y suele realizarse tanto por personas con cierto entendimiento en la materia de la que se trate, como pon otras que quizá no tanto, pero que al igual que las primeras, comparten la objetividad de la descripción.
Por otra parte, tenemos la llamada crítica destructiva. Que es la que realiza con la intención de dañar, de afectar negativamente a aquello a lo que va dirigida. Y se diferencia de la anterior en que ésta suele hacerse más bien bajo un criterio emocional. Es decir, no atiende a razones sino a emociones negativas. ¿Os suena a tertulia televisiva?
 
Criticamos cuando:
-No estamos a gusto con algo que hacemos. De esta forma parece que lo del otro es peor y lo mío no es tan malo.
-Sientes envidia  Si resto importancia a las cualidades de otra persona, consigo no sentirme inferior.
-Para integrarme en un grupo que hace exactamente lo mismo. O sea, compartís complejos y además sabes que acabarás siendo criticado. Pero aun así, paradójicamente, aumenta tu dependencia del grupo.
-Diferentes estudios nos hablan del porqué de la crítica. Y hacen mención a que realmente las personas solemos criticar en los demás, aquello que no nos resulta odioso de nosotras mismas.
 
 
Esta semana te propongo que analices de qué forma criticas a los demás. Así serás consciente de lo que realmente te hace sentir mal para poder superarlo.
 
¿Y quién dijo que el amor hay que regarlo todos los días?

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